Un lago oculto bajo cuatro kilómetros de hielo antártico revela un ecosistema aislado durante 15 millones de años
La perforación en la estación rusa Vostok permitió acceder a un entorno sellado desde épocas remotas, aunque la posible contaminación mantiene en duda cualquier hallazgo biológico.
Ignacio Gesteira Alcalde, 03.09.2026 19:56
El descubrimiento bajo la estación de investigación Vostok, en la Antártida, se vivió como abrir una bodega sellada durante millones de años. Las campañas de perforación rusas comenzaron ya en las décadas de 1970 y 1980, mucho antes de que se supiera que bajo el hielo se extendía un lago de unos 250 kilómetros de longitud. Según el medio neerlandés Duurzaam Nieuws, la gran incógnita era si allí podían existir microorganismos adaptados a la oscuridad total y a una presión extrema, aunque el uso de fluidos de perforación hacía que cualquier hallazgo fuese inmediatamente cuestionable. Cuando la perforadora atravesó la última capa de hielo, ocurrió algo inesperado: el agua del lago, sometida a una presión enorme, ascendió por el pozo y se congeló de inmediato. Ese hielo formó un tapón natural entre el lago y la perforadora, una barrera que evitó que el queroseno y el freón utilizados en la perforación penetraran más profundamente. En un entorno tan aislado, incluso una mínima cantidad de materia extraña puede comprometer durante años la validez de cualquier muestra. El lago Vostok es el mayor de los más de 400 lagos subglaciales conocidos en la Antártida. Está completamente aislado del aire libre, atrapado bajo cuatro kilómetros de hielo. Sus dimensiones son extraordinarias: un ancho máximo de 50 kilómetros, una superficie estimada entre 12 500 y 14 000 km², una profundidad media de 432 metros y un volumen de 5400 km³ de agua. Bajo el hielo se extiende un sistema acuático gigantesco que no puede verse desde la superficie.
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