La bomba de Hiroshima dejó un cristal que nunca había existido en la naturaleza
Ochenta años después de la explosión, científicos han identificado una nueva estructura cristalina formada bajo las condiciones extremas de la primera bomba atómica utilizada en una guerra.
Cuando la bomba detonó sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945, liberó temperaturas de varios miles de grados y una onda de choque de una intensidad difícil de imaginar. Durante unas millonésimas de segundo, la arena, el hormigón, el acero y otros materiales de la ciudad se fundieron, se mezclaron y volvieron a solidificarse casi de inmediato. Fue un experimento irrepetible. No diseñado por científicos, sino por una de las explosiones más devastadoras de la historia. Aquellas condiciones fueron tan extremas que obligaron a los átomos a reorganizarse de un modo que hasta ahora nunca se había observado en la naturaleza. Los autores del estudio, liderados por Luca Bindi de la Universidad de Florencia, analizaron diminutas partículas recogidas en Hiroshima conocidas como hiroshimaitas, pequeños fragmentos vítreos formados por la explosión. A simple vista parecen insignificantes, sin embargo, utilizando microscopía electrónica de transmisión, difracción electrónica y simulaciones por ordenador, el equipo de Bindi descubrió que en el interior de algunas de esas partículas existía una organización atómica completamente inesperada. No habían encontrado un nuevo elemento químico, tampoco un nuevo tipo de átomo. Lo que descubrieron fue una nueva fase cristalina de la sílice: una manera distinta de organizar los mismos átomos de silicio y oxígeno. Puede parecer una diferencia sutil, pero en mineralogía supone un hallazgo extraordinario.
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